- De Vuelta a la Patagonia-
Por fin de vuelta, y no solo a Santiago después de haber estado unos buenos días navegando desde Puerto Natales a Arica, si no digo por fin de vuelta en el Parque Torres del Paine, que fue hogar de muchos por algunos anos. Después de mi salida, de forma tan intespestiva, siempre quise volver a despedirme de los amigos, la gente, los paisajes y miles de recuerdos. Y eso se concretó a finales de Marzo, cuando usaba mi pasaje de vuelta a la Patagonia, 6 meses después de haberme ido. Tuve la suerte suprema de que nuestro querido campista importado especialmente de la China se sumara a esta no oficial salida del Club de Campismo. En verdad creo que el golpe de gracia para que se sumara Nicolás lo dio nuestro “aéreo campista del aire” Roooood (lease con un fuerte sonido gutural, estilo ona). La afamada línea aérea de la Patagonia, Nandú Air, miembro de World Wire Aliance, certificación ISO 4000, etc, etc, nos ofrecía trasladarnos desde Punta Arenas hasta Puerto Natales en uno de sus aviones de la flota ano 2008 (A/C parece) con una sincronía tal que nos significaba poner un pie en la ciudad más austral de Chile y el siguiente paso era sobre la escalinata del Cessna bimotor (los motores sonaban como Volkswagen escarabajo del ano56).
El primer contratiempo fue el retraso de mi vuelo por neblina en Puerto Montt, donde debía hacer escala. Nicolás no tuvo este problema por que el rotito volaba directo a Sandy Point, non stop. Tras algunas gestiones con la gente de la aerolínea, fundamentando que perdería mi conección, no logramos nada de nada, aunque yo ya me veía alojando en el Ritz y con un par de pasajes en el bolsillo para compensar el contratiempo. Por suerte salimos con muy poco retraso y que lo podríamos recuperar durante el vuelo. Logré mi ventana a la izquierda y pegué la niata como una ventosa. Estaba incredible. Creo que reconocí algunos volcanes cónicos del sur. Llegando a Puerto Montt se nublo y me despegué de la ventana. Sobre Campos de Hielo, poco. Veía asomarse algunas lenguas glaciares remarcadas con las morrenas que parecen finas lineas dibujadas sobre el celeste único que produce el hielo. El Fitz Roy se veía humeando a lo lejos, muy cubierto. De las Torres ni hablar. Siempre han sido tan mezquinas, solo las he visto en plenitud una vez desde el aire. Pero no importa. Iba camino a empaparme (literalmente) de ellas en un par de días más.
Al llegar a Punta Arenas salí a recoger mi equipaje y ahí estaba Rooood con Nicolás, esperándome listos para seguir hacia Natales.
Nunca me había subido a un avión pequeño pero eran muchas las historias que había escuchado de lo mucho que se mueven. Bueno, ahora lo iba a hacer y nada más ni menos que en la Patagonia, con sus bien conocidos vientos. Salimos a la loza y nos enfrentamos a este furgón utilitario con alas y se acerca el piloto, un uruguayo buena onda con mucha pinta de piloto. Obvio que llevaba sus anteojos estilo top gun, su chaqueta de cuero con adornos dorados en los hombros. Ni tonto ni perezoso me instalé al frente, de copiloto. Después de un par de tallas vino la pregunta del millón: “che, querés un despegue normal o técnico?” No alcanzamos a responder cuando tira el acelerador a fondo, agarramos algo de velocidad y el desgraciado pone el avión a volar casi perpendicular al suelo. No alcanzé a gritar por que creo que mis cuerdas vocales estaban mas cerca de mi culo que de la boca. Una vez repuesto y con todas las partes de mi cuerpo en su lugar tuve la oportunidad de apreciar ese lugar que conocí desde otra perspectiva. Además que Roooood se encargó de ir clarificando cada poblado, estancia, ríos y caminos que ibamos atravesando como una flecha Aonikenk por los aires.
De que se movía, se movía. Lo que más me llamó la atención es lo tridimensional del vuelo. No es como un auto que vas para adelante, atrás o de un lado a otro. Aquí ademas se experimenta y se siente el subir y bajar. Pero por lejos el punto álgido fue cuando nuestro piloto se ralaja lo suficiente para decirme que tome los controles y me haga cargo. Así de fácil. Me mostro un par de instrumentos, me dijo que siguiera ese rumbo, que el avión no subiera o bajara mucho y el perla se da vuelta y comienza a escribir no se que cosa en una libreta. Ahí estabamos los tres, muy sorprendidos y sobre 1000 mts sobre la pampa amarilla de la Patagonia. Por suerte estaba tan tenso que era imposible que se me relajara algo que yo no quisiera (se entiende, no?). Mover el manubrio es una acción muy sensible. Hay que prestarle atención. Después de un rato a Rooood le salió el habla y la tension bajó un poco. Apreciamos bien el paisaje, nos acercamos a la Sierra Dorotea, vimos Natales desde la altura, incredible. Podíamos reconocer perfectamente sectores, lugares desde lo alto.
Poco a poco fue apareciendo una delgada linea trazada en la pampa. Esa era la pista de aterrizaje. Y aquí viene la segunda sorpresa. Sin decir agua va, agua viene, el piloto me pasa nuevamente los controles y me dice que me haga cargo. Me negué pero la inacción de éste me obligó a tomar el manubrio y gritar como enfermo. Roooood ya había perdido el conocimiento de tanta impresion y Nico estaba mas preocupado de sus esfinteres que de su seguridad personal. Para ser honesto debo haber aterrizado ese avión en un 40%, ya que el piloto iba corrigiendo mis temblorosos movimientos. Según lo que entendía por instrucciones era que casi debíabajar a lo kamikaze para que el avión llegara a la pista, yo me negaba pero no se ni como ni en que momento tocamos tierra e hicimos un patito que puso al avión en actitud de caballo corralero ya que se fue un poco de lado. Despues de unos tres rebotes el avión rodaba suave por la pista.
Como dijo Nicolás, debemos haber bajado de peso durante la maniobra. Una vez que nos acercamos al edificio del aeropuerto y Roooood ya había recuperado la conciencia vimos una figura que espera nuestra llegada. Ese era el comienzo de nuestro reencuentro con la gente de la zona. Pero esa historia se las contaré en otro episodio.
6 comments Abril 19, 2007












